Plaza Mayor repleta durante la actuación de King África Foto: GACETA
Aurelio Maroto
En la Plaza Mayor no cabía nadie más. Era un puro desorden que la propia gente ordenaba de manera espontánea. Un maremágnum de mesas, sillas y terrazas donde la gente transitaba como podía. Y lo hacía con paciencia, seguramente consciente de que un día es un día. Pero dentro de esa ‘romería’ improvisada, de esa anarquía coyuntural, había un bien superior que ayudaba a entenderlo todo: las ganas de fiesta y de sana convivencia. Así fue como la noche del viernes 18 de septiembre había ido creciendo poco a poco, como crecen las noches grandes de La Solana. Primero fue la devoción. Después, la gastronomía. Y finalmente, la música. La Semana de Exaltación de la Virgen de Peñarroya abría así su fin de semana grande.

Gabriel Alhambra y es un clásico de las noches festivas en La Solana Foto: GACETA
La ofrenda floral había llenado de emoción el entorno de Santa Catalina. Después llegaron las tortillas, los pistos y los dulces. Y cuando la tarde ya era noche, la Plaza Mayor se entregó al escenario. Irrumpió en escena Gabriel Alhambra ‘El Galán’. Ataviado con una llamativa chaqueta de lentejuelas, no necesitó demasiado tiempo para ganarse a una plaza abarrotada. Su arma fue la música. Pero también la cercanía. Cambió de registro, recorrió distintos palos de la canción ligera y demostró esa versatilidad que le permite moverse con naturalidad entre estilos muy diferentes. Sus pretorianos fueron Fran Araque, a la guitarra, y Pedro Sevilla en la percusión. Los tres sobre el escenario y una multitud delante. El Galán fue entrando en el público hasta convertir la distancia entre las tablas y la plaza en algo casi inexistente.

El Galán junto a sus músicos durante la actuación Foto: GACETA
El golpe definitivo llegó al final. El artista adaptó el himno dedicado a la Virgen de Peñarroya y lo hizo suyo por unos instantes. La Plaza Mayor respondió como responde un pueblo cuando reconoce una melodía que también le pertenece. Y canta al unísono. Fue un cierre cargado de sentimiento.

El artista argentino derrochó complicidad Foto: GACETA
Y entonces cambió el decorado. Apareció King África. Allan Duffy irrumpió con su característica energía, vestido con los colores rojo, verde y amarillo de la bandera panafricana en sus muñequeras y su gorro, un guiño visual a su proyecto musical. Argentino de nacimiento, el artista lleva décadas convertido en uno de los nombres reconocibles de la música festiva, con África en el corazón.

Niñas con faldas manchegas salieron al escenario para animar la actuación Foto: GACETA
Comenzó el espectáculo a ritmo de Paquito El Chocolatero. Después llegaron sus grandes éxitos. Y llegó también el público al escenario. Primero los niños. Después más vecinos. La frontera entre artista y espectadores desapareció. La Plaza Mayor saltó, bailó y cantó. King África puso el ritmo. La Solana puso la gente. Sí, fue ‘la boooooomba’. Después, El Galán, incansable, regresó a las tablas. La noche no había terminado aún. Qué va.

Otra imagen de la plaza repleta bailando al ritmo de Allan Duffy Foto: GACETA





