Los cabezudos nunca faltan en la inauguración oficial de la feria Foto: GACETA
Aurelio Maroto
La inauguración de la Feria y Fiestas de Santiago y Santa Ana sigue cautivando. Miles de personas siguieron uno de los momentos cumbre del año en La Solana. Cuando el reloj de la villa marcaba las nueve en punto de la tarde, arrancó un ritual que emociona generación tras generación y que convierte el ancestral pasacalles en un escenario de ilusión. Para pequeños y también para grandes. Una tradición que apenas ha variado con el paso de los años y que sigue conservando intacta toda su capacidad de seducción.

La Agrupación de San Sebastián durante el pasacalles inaugural Foto: GACETA
La Plaza Mayor es el punto de partida. Puntual, la Agrupación Musical de San Sebastián hizo retumbar sus tambores anunciando que la espera había terminado. Tras ellos aparecieron los gigantes, Don Quijote y Dulcinea, acompañados por los inseparables cabezudos, siempre bajo la atenta mirada de niños entre risas, carreras y algún que otro sobresalto. Este año se sumó además una figura que despertó expectación: el espectacular dragón chino vencedor del concurso de máscaras del último carnaval, añadiendo un toque de fantasía al desfile.

La alcaldesa cedió el corte de la cinta a la pregonera, Isabel del Rey Foto: GACETA
La comitiva oficial, encabezada por la alcaldesa, Luisa Márquez, y la pregonera, Isabel del Rey, descendió hacia el recinto ferial entre una multitud que abarrotaban la Plaza Don Diego y la calle Empedrada. Las familias buscaban el mejor lugar para inmortalizar el momento mientras los más pequeños observaban con los ojos muy abiertos un desfile que, para muchos, sigue siendo el primer gran recuerdo de cada verano.

Nuevo arco de luces a la entrada del ferial Foto: GACETA
El momento más esperado llegó junto al renovado arco luminoso que preside la entrada al ferial. La alcaldesa cedió el protagonismo a la pregonera, que cortó la cinta y repartió pequeñas banderas de España entre autoridades e invitados. Sonaron los primeros aplausos de la feria. Apenas unos segundos después, el recinto ferial quedaba oficialmente abierto y la iluminación envolvía el parque en una explosión de color.

Miles de personas arroparon el desfile inaugural Foto: GACETA
Pero aún quedaba uno de los actos más simbólicos y genuinamente solaneros. Junto a la fuente central del parque municipal se procedió a la izada de la bandera de La Solana, mientras la Banda Municipal de Música interpretaba el himno. El amarillo y el azul ascendieron lentamente hacia el cielo. Un gesto sencillo que resume el orgullo de pertenecer a un pueblo profundamente apegado a sus tradiciones.

Luisa Márquez iza la bandera de La Solana Foto: GACETA
A partir de ahí, comenzó el paseo oficial entre casetas, chiringuitos, puestos ambulantes y atracciones. El olor a algodón de azúcar, almendras garrapiñadas y pollo asado se mezclaba con las primeras luces de los tiovivos y el sonido de las sirenas de las atracciones. Los niños tiraban de la mano de sus padres señalando los coches eléctricos, el zigzag o los caballitos, incapaces de decidir por cuál empezar. Era imposible distinguir quién disfrutaba más, si ellos o los mayores, que contemplaban la escena con esa sonrisa inevitable que solo despiertan los recuerdos.
La comitiva concluyó su recorrido en el parque de La Moheda, donde todo estaba preparado para el pregón que daría voz a la semana grande solanera. La feria ya estaba en marcha. Se abrían seis días de convivencia, reencuentros, música, tradición y diversión en una celebración que, por su capacidad de convocatoria y su arraigo popular, continúa siendo una de las grandes referencias festivas de la comarca y de toda la provincia.








