Mari Cruz Candelas lee el manifiesto
Aurelio Maroto
La lluvia caía mansa sobre La Solana, como si también quisiera escuchar. Bajo el refugio sobrio de los soportales del Ayuntamiento, la tarde de este miércoles encontró abrigo para la palabra y para la memoria. Era el Día Mundial contra el Cáncer y, aunque el cielo parecía empeñado en oscurecerlo todo, el acto organizado por la Junta Local de la AECC iluminó, al menos por un rato, una certeza rotunda: frente a la enfermedad, la humanidad sigue siendo una forma de resistencia.
“Aquel día había amanecido como cualquier otro. La agenda estaba llena, los planes seguían su curso y la rutina parecía inquebrantable”, arrancaba el manifiesto leído para la ocasión. Y recordó que basta un puñado de palabras para que todo se detenga. Palabras que escuchan cada día cerca de 800 personas en nuestro país y que jamás estaban en sus previsiones. “Sin pedir permiso, todo se frena. Todo cambia”. Y a partir de ahí, el tiempo, la vida y las prioridades se miden de otra manera.
Antes de llegar a ese núcleo emocional, fue la presidenta de la Junta Local, Lola Gallego, quien abrió el acto con unas palabras de bienvenida y contextualización. Agradeció la presencia institucional y ciudadana pese a la lluvia, y recordó la importancia de mantener estos gestos colectivos que no solo informan, sino que acompañan. Tras ella, tomó la palabra Mari Cruz Candelas, encargada de dar voz al manifiesto. Su lectura fue tranquila y firme, pero inevitablemente atravesada por la memoria personal. Su madre, María Catalina de Lara, escuchaba desde arriba, orgullosa de que su AECC siguiera el camino que ella tantas veces recorrió, pero que el cáncer –maldita ironía- frenó en seco.
Entre el público se encontraban la alcaldesa, Luisa Márquez; la concejala de Cultura, Ángela Notario; el delegado provincial de Bienestar Social,Eulalio Díaz-Cano; y también Nemesio de Lara, exalcalde y expresidente de la Diputación Provincial. Su presencia tenía un peso simbólico añadido: María Catalina era su hermana. Hubo un recuerdo explícito para ella. No era un nombre más.

Junta de la AECC, autoridades y ciudadanos bajo la pancarta en el Ayuntamiento
El manifiesto fue desgranando la experiencia del diagnóstico oncológico. “No se les olvidará lo que tenían previsto hacer aquella mañana cuando escucharon la palabra cáncer”.“Desde ese instante, los sabores de la vida se degustarán de forma diferente y las lágrimas, quizá, afloren más a menudo”. El texto puso el acento en los procesos largos, complejos y emocionalmente exigentes que suelen acompañar a la enfermedad. Se habló de negación, de miedo, de incertidumbre, aunque también de adaptación y resistencia. El cáncer, se recordó, “trasciende lo estrictamente biomédico y afecta a la vida personal, familiar, social y laboral”. Por eso, pacientes y familiares reclaman “una atención oncológica más humana e integral”.
Humanizar, insistía el manifiesto, es entender que “cada cáncer es único” y que cada persona tiene necesidades distintas. Es situar a la persona en el centro del sistema, escuchar su voz, adaptar la atención, garantizar que comprenda su situación y pueda tomar decisiones informadas. “Escuchar a quien mejor conoce el cáncer, es decir, a las personas con cáncer y su entorno es un principio irrenunciable”.También hubo un llamamiento claro a cuidar a quienes cuidan. “Humanizar también es apoyar a los cuidadores”. Este 4 de febrero debía servir para “aminorar los obstáculos y reforzar una red personalizada de apoyo que acompañe desde el diagnóstico hasta la supervivencia o el final de la vida”.
La investigación, el gran desafío
Tras el manifiesto, tomó la palabra la alcaldesa. “Sobran las palabras después del manifiesto que ha leído Mari Cruz”, comenzó, antes de tener un recuerdo especial para su madre, María Catalina, “una persona que me marcó profundamente”. Destacó que el texto leído planteaba “un reto sociosanitario que tenemos como sociedad” y puso el foco en uno de los grandes temores humanos: la incertidumbre. “No saber a qué te enfrentas, cómo vas a evolucionar”, dijo, y subrayó la importancia del acompañamiento familiar, del cuidado de los cuidadores y, sobre todo, de “escuchar al paciente y eliminar esos obstáculos que a veces se pueden tener”. Como responsable de una institución local, concluyó apelando al papel de las administraciones públicas: “Tenemos que estar ahí para demandar algo principal en algo como el cáncer: la investigación”.
Mientras la lluvia seguía golpeando la plaza, bajo los soportales quedó flotando una idea sencilla y poderosa: escuchar también cura.Y recordar, siempre ayuda.




