Las imágenes llegan al convento trinitario entre una multitud Foto: GACETA
Paulino Sánchez / Aurelio Maroto
La reapertura de la parroquia de San Juan Bautista de la Concepción, el popular convento trinitario, tuvo como protagonistas a los muchos devotos que acudieron a presenciar el traslado de las imágenes desde la Iglesia de Santa María, en una noche donde la lluvia quiso estar presente. Ello obligó a que se abrieran determinadas portadas en domicilios particulares durante recorrido para resguardar a los pasos y protegerlos del agua. Pero nada impidió completar la esperada llegada de Jesús Rescatado, la Virgen de la Soledad y el Niño a su morada habitual. Atrás queda año y medio de obras, donde las tres imágenes han permanecido en la iglesia filial del barrio del Parterre.
A las 7 de la tarde se ofició la misa en Santa María, concelebrada por los dos sacerdotes de la parroquia, Óscar Casas y Feliciano Harindintwari, participando en la parte musical el coro del templo. Antes de concluir la celebración, pronunció unas palabras el presidente de la cofradía de Jesús Rescatado, un emocionado Francisco Rodríguez-Rabadán, que agradecía la hospitalidad con la que se habían acogido las imágenes en este año y medio. Entregó una miniatura de Jesús a los responsables del templo.

Explanada llena esperando la llegada de las imágenes Foto: GACETA
Muchas personas se habían congregado a las puertas de la iglesia para contemplar la salida de las imágenes y las maniobras que realizaron para llevarla a cabo, debido a las dimensiones de las mismas. Seguidamente, comenzaba el traslado callejero. Abría el desfile la cruz parroquial y el estandarte de la cofradía, con el Niño Jesús en una carroza empujada por niños. Las imágenes de Jesús Rescatado y la Virgen de la Soledad eran llevadas a hombros, colaborando en ese traslado hasta 70 portadores. Detrás marchaban los sacerdotes de la parroquia y directivos de la cofradía, seguidos por la banda de cornetas y tambores de Jesús Rescatado. A los pocos metros de comenzar el traslado hacía acto de presencia la lluvia que, al intensificarse, obligó a proteger los pasos en varios domicilios de la calle Emilio Nieto. Al cesar la lluvia se reanudó el traslado procesional, aunque de nuevo aparecían las precipitaciones. Por ello, la mayor parte del itinerario se realizó a paso más ligero de lo habitual.

El párroco llama simbólicamente a abrir las puertas a Jesús Foto: GACETA
Cuando la cruz llegó al convento, fue el párroco Óscar Casas quien respondía a la llamada de los directivos de la cofradía, abriendo las puertas del templo para introducir las imágenes en el interior. Lo hicieron de una forma diferente a como lo hacen tradicionalmente en las procesiones en La Solana, ya en esta ocasión dieron la espalda a las personas que contemplaban la llegada.

El nazareno entra en ‘su casa’ año y medio después Foto: GACETA
“Ni la lluvia apaga el amor de este pueblo a Jesús”
Ya desde el púlpito, Óscar Casas resumió un tiempo intenso marcado por emociones contrapuestas. Recordó que “ha sido un año y medio de muchas circunstancias, de muchas alegrías pero también de algunas penas y preocupaciones”. En su intervención subrayó la fuerza de la fe frente a las adversidades, afirmando que “Dios es muy grande y la providencia ha hecho posible que incluso a pesar de la lluvia Jesús esté en casa”. Apoyándose en el Cantar de los Cantares, evocó que “las aguas torrenciales no podrán apagar el amor”, una imagen que vinculó al fervor popular: “ni la lluvia más potente puede apagar el amor que tiene este pueblo a Jesús”. Concluyó deseando que el templo siga siendo “una casa de oración”, un lugar de consuelo y refugio para quienes llegan con dolor y esperanza.

Entrada del Niño y la Soledad Foto: GACETA
La reapertura del convento hizo que la expectación por contemplar el interior del templo, después de las obras realizadas, llevara a muchísima gente al interior del mismo. Muchos se interesaron por contemplar el retablo del siglo XVII, recién colocado en la capilla de El Sagrario. Y así, dieciocho meses después, Jesús, la Soledad y el Niño, volvieron a dormir en su morada parroquial, bajo la atenta mirada del trinitario San Juan Bautista de la Concepción.

Templo lleno con las imágenes recién ubicadas Foto: GACETA




