Casa de la Hojarasca en obras (octubre de 2010) Foto: GACETA
Aurelio Maroto
Las cuentas de la Casa de la Hojarasca están documentadas y “cuadran al céntimo”. Así lo asegura el exalcalde de La Solana y expresidente del patronato del Legado Bustillo, Diego García-Abadillo. En un comunicado de prensa, responde a las dudas planteadas por la actual alcaldesa, Luisa Márquez, sobre la adquisición del palacete y su posterior rehabilitación, que por cierto permanece inacabado.
Márquez había reclamado que cualquier investigación sobre la gestión del Legado Bustillo se extendiera a toda su trayectoria, después de la denuncia presentada por un patrono por posibles irregularidades en la gestión actual. Entre las cuestiones planteadas figuraba la compra de la Casa de la Hojarasca, ya que, según la alcaldesa, la escritura reflejaría 595.000 euros mientras que la contabilidad contabilizaría 295.000. García-Abadillo rechaza esa interpretación.
El exregidor, que ocupó la Alcaldía entre 1999 y 2011, explica que el edificio, datado en el siglo XVII, pertenecía a tres propietarios y que la Fundación adquirió sus partes en tres operaciones. La primera se formalizó en mayo de 2008 por 132.222,66 euros; la segunda, en septiembre por 150.253 euros; y la tercera, en agosto de 2010 por 174.338,08 euros. El importe total, sostiene, aparece en la contabilidad y en el Inventario de Bienes de la Fundación. Ese importe se distribuye entre 199.042,99 euros correspondientes al suelo y 257.770,75 euros a la construcción. García-Abadillo considera “infundada” la cifra de 595.000 euros y asegura que compararla con un supuesto saldo contable de 295.000 euros “carece de sustento contable o documental”. El comunicado incorpora la venta, en agosto de 2010, de unos corrales anexos, descritos sin utilidad para los fines fundacionales. Se vendieron por 96.161,92 euros, “destinados a financiar y equilibrar las cuentas de la entidad”.
García-Abadillo defiende que todas las operaciones fueron fiscalizadas por los órganos de control de la Fundación, supervisadas por el Protectorado y aprobadas en las Cuentas Anuales “sin reparo ni responsabilidad contable”. Añade que la adquisición fue acordada por los patronos, con representación de PSOE, PP e IU en las primeras operaciones, aunque estos rechazaron una tercera compra.
Más allá de las cifras, reivindica el valor arquitectónico y simbólico del palacete. Recuerda que su rehabilitación iba a realizarse mediante una escuela taller que permitiría formar a jóvenes y crear espacios vinculados a la artesanía y a la promoción del vino, el aceite y el azafrán. También estaba previsto que fuera sede de la Fundación. Concluye reclamando que cualquier análisis se realice “con transparencia, rigor y atendiendo al conjunto de la documentación”.






