Mari Carmen Rodas, emocionada, recibió el aliento de los solaneros Foto: GACETA
Aurelio Maroto
Mari Carmen apretaba su bandera de Ceuta entre las manos como quien abraza a su propia tierra. Había venido a la Plaza Mayor de La Solana para acompañar a sus vecinos, pero en realidad llevaba consigo mucho más que una enseña. Llevaba a su madre, de 87 años, a sus dos hermanos, a sus sobrinos y, sobre todo, llevaba consigo la angustia de quien contempla desde la distancia cómo su ciudad atraviesa uno de los momentos más difíciles que recuerda. Probablemente, el más difícil de todos.
Ceutí de nacimiento y solanera de adopción desde finales de 2013, pronto hará catorce años que Mari Carmen Rodas hizo de La Solana su casa. Este miércoles, sin embargo, la distancia desapareció durante unos minutos. Era el Día de Ceuta y la Plaza Mayor se convirtió en un lugar de encuentro entre dos ciudades unidas por una misma bandera, la española. La concentración se sumó a las movilizaciones celebradas en numerosos puntos de España en respaldo de la ciudad autónoma.
Mari Carmen no pudo contener la emoción. “Desde que empezó lo estoy llevando fatal, fatal”, confesó en declaraciones a Radio Horizonte. No hacía falta preguntarle demasiado para comprender el porqué. “Tengo allá a mi madre con 87 años, dos hermanos, dos sobrinos y es que es mi tierra, es que es mi tierra”, insistía.

Mari Carmen atiende a los medios locales al término de la concentración Foto: GACETA
El primer impacto llegó por teléfono el día de la entrada masiva de migrantes. Ni siquiera necesitó las imágenes de televisión para comprender la magnitud de lo que estaba sucediendo. “Lo primero que hice fue llamar a mi gente”, recuerda. Al otro lado encontró relatos que todavía le estremecen. Días en los que, según explica, muchos no se atrevían a salir de casa y los establecimientos permanecieron cerrados. “No podían comprar ni pan, todo cerrado. Fue horroroso”.
Indignación y preocupación
La indignación se mezcla ahora con la preocupación. Mari Carmen cree que el Gobierno central no ha sabido gestionar la situación. “No lo está llevando bien desde el primer día”, afirma. Y reclama que la realidad que viven los ceutíes tenga mayor reflejo público: “Está pasando más de lo que sale en la tele”. Pero por encima de cualquier valoración política está el miedo a que se resquebraje aquello que, durante generaciones, ha definido la vida cotidiana de Ceuta: la convivencia. “En Ceuta convivimos con muchísimas culturas y religiones”, recuerda. Musulmanes, cristianos, judíos e hindúes coexisten históricamente con una naturalidad que solo un ceutí entiende: “Es eso para vivirlo”, subraya.
Por eso le duele especialmente que la defensa de Ceuta pueda confundirse con una cuestión partidista. “Nosotros no decimos ni de derecha ni de izquierda, solamente queremos que nos ayuden”. Y resume su sentimiento con una frase sencilla, pero cargada de significado: “Somos españoles y ya está”.

La bandera ceutí cuelga junto a la local y la nacional en el balcón consistorial Foto: GACETA
«No me lo esperaba»
La respuesta de La Solana fue contundente. Mari Carmen agradeció una concentración que, reconoce, no esperaba. “Lo primero que hago es dar gracias al Ayuntamiento y a La Solana por hacerlo. No me lo esperaba, la verdad”. Después llegaron los aplausos. Ella fue, casi sin proponérselo, el rostro humano de una ciudad que estaba físicamente muy lejos. La bandera ceutí terminó colgada del balcón del Ayuntamiento, junto a las de España y La Solana. Y allí quedó, en el centro, como una declaración de afecto, solidaridad y pertenencia. Mari Carmen la contempló emocionada. Durante unos minutos, Ceuta ya no estaba al otro lado del Estrecho. Estaba allí mismo, en el corazón de La Solana.


