Aspecto de la Plaza Mayor durante la concentración Foto: GACETA
Aurelio Maroto
La Plaza Mayor se llenó de banderas. La de España, sobre todo. Pero entre ellas apareció una enseña diferente: la de Ceuta. La llevaba Mari Carmen Rodas, ceutí afincada en La Solana desde finales de 2013. Ayer, su tierra estaba a cientos de kilómetros, pero también estaba allí. Medio millar de personas respondieron a la convocatoria de la FEMP y se concentraron para decir algo sencillo: Ceuta no está sola.

Muchas banderas de España durante la concentración Foto: GACETA
Incontables municipios de toda España se sumaron a una movilización que adquirió especial significado este año, después de la entrada masiva de migrantes registrada en la frontera ceutí a finales de julio y de la crisis que todavía afecta a la ciudad autónoma. En La Solana, el ambiente tuvo un marcado carácter ciudadano. Se mezclaron sensibilidades políticas distintas entre el público de a pie. Eso sí, junto al punto de megafonía solo había concejales del equipo de Gobierno, los diez. La propia alcaldesa, Luisa Márquez, presentó el acto y enfatizó algo importante: “Esto no es una convocatoria política”. Después habló Ramón Gallego, primer teniente de alcalde, encargado de leer el manifiesto. Se hizo el silencio y en todo momento reinó el respeto. No se escucharon insultos, solo vivas a España y a Ceuta. Antes, durante y después.

El primer teniente de alcalde lee el manifiesto Foto: GACETA
Ramón Gallego recordó que los concentrados estaban allí “como vecinos de La Solana, como castellano-manchegos y como españoles”. Una triple condición para trasladar a Ceuta un mensaje de solidaridad que quiso situarse por encima de las distancias y de las siglas. Porque una frontera, dijo, no es únicamente una línea dibujada sobre un mapa. “Al otro lado hay personas, hay familias, comerciantes, niños, mayores…”. “Gente que quiere vivir con normalidad”.

Gente de toda edad e ideología se citó en la plaza Foto: GACETA
El manifiesto defendió que los problemas de Ceuta conciernen al conjunto de España “porque afectan a ciudadanos con los mismos derechos y libertades que cualquier otro español”. Pero reclamó “responsabilidad institucional y unidad de acción” cuando están en juego la seguridad, la libertad y la integridad territorial, por encima de intereses partidistas o personales.

El mensaje fue firme, pero quiso marcar una frontera distinta: la que separa la defensa de Ceuta del odio. Gallego rechazó expresamente el racismo y cualquier enfrentamiento por razón de procedencia. “Respeto, sí. Debilidad, no”. Y volvió a lo esencial: Ceuta forma parte de España por su historia, por el ordenamiento jurídico y por la voluntad de generaciones de ceutíes. “Defender esa voluntad significa defender también la libertad y la seguridad de todos”.


