Juan Carlos Peñalver se dirige a la plantilla en su primer entrenamiento Foto: GACETA
Aurelio Maroto
El nuevo proyecto del CF La Solana está en marcha. La primera sesión de entrenamiento en el anexo de La Moheda apenas ha servido para romper el hielo, pero sí ha trazado las líneas maestras de un equipo que nace prácticamente desde cero y que estará dirigido por un entrenador que conoce como pocos la casa. Juan Carlos Peñalver afronta su mayor reto como entrenador nivel 3. Es consciente de dónde está y del desafío que tiene entre manos. Fue una de las armas electorales de Jesús Velasco para las elecciones del 20 de junio, sin importar la categoría. Esa misma noche, el At. Albacete ‘devolvió’ a La Solana su asiento en Tercera Federación y el técnico, que tenía dos hojas de ruta, rompió una (la de Preferente) y activó la otra. Llega con una mezcla de ilusión y responsabilidad. Sentarse en el banquillo de La Moheda es goloso, pero ser solanero multiplica la exigencia. En una entrevista concedida a Radio Horizonte, hace gala de su verbo sereno, realista y transmite una idea inequívoca: antes que promesas grandilocuentes, garantiza trabajo, identidad y competitividad.
No llega solo. Más allá de la confianza del presidente y su junta directiva, tiene la de su cuerpo técnico, también solanero. Juan Carlos Ocaña y Juanfran Salcedo liderarán el trabajo físico; Julián Palacios será su segundo. Las cuatro ‘jotas’ son amigos desde hace mucho y la lealtad es su divisa.
No oculta que las sensaciones del estreno han sido positivas. «Desde el primer día percibimos la idea de lo que habíamos formado», afirma satisfecho por la predisposición mostrada. Su primera arenga, con el presidente delante, fue clara: “Les he explicado qué representa vestir la camiseta amarilla y cuál debe ser la mentalidad del grupo”. En ese sentido, Peñalver no esconde el objetivo prioritario: «Tenemos los pies en la tierra y el objetivo es la permanencia». Una declaración de intenciones que no significa renunciar a crecer, sino asumir la realidad de una Tercera Federación de enorme enjundia. «La palabra renunciar está prohibida en nuestro diccionario», subraya. Su planteamiento pasa por consolidar cuanto antes la salvación y, si el equipo responde, alzar la mirada en la clasificación.

El entrenador ha confeccionado un equipo con mucha juventud y también veteranía Foto: GACETA
Reconoce que aceptar este banquillo llega en el momento adecuado. Tras varios contactos frustrados en temporadas anteriores y un fugaz paso en la temporada 22-23, esta vez las circunstancias personales y laborales sí permitían empezar desde cero, no a medio camino. «Era muy importante dar forma al proyecto de la manera que nosotros entendemos». Pero no ha sido sencillo confeccionar la plantilla. Las elecciones en el club y la incertidumbre sobre la categoría obligaron a trabajar durante semanas con dos escenarios completamente distintos. Después comenzó otra carrera contrarreloj en un mercado complicado, condicionado por presupuestos muy superiores. Y ha sido el propio Peñalver quien ha cogido el teléfono, sin figuras como un secretario técnico o un director deportivo.
Pese a ello, está contento con el resultado. El perfil buscado responde a una idea concreta: mezcla de experiencia y juventud. «Queríamos jugadores jóvenes, con hambre y con ganas de crecer». El técnico considera que esa ilusión debe convertirse en una de las grandes fortalezas del equipo. Aun así, nombres como el incombustible Manolo (41), Carlos Martínez (35), Josema (32), Sergio Arribas (31) Juli Cacho (30) o Ibra Keita (27) ponen oficio en el ‘parvulario’.
De momento, son 18 jugadores confirmados, de los cuales 2 porteros, 6 defensas, 5 centrocampistas y 5 delanteros. Sin embargo, la polivalencia ha sido otro criterio fundamental en la confección del plantel. “Quería tener gente versátil que se pueda adapta a varias posiciones”. «No podemos competir con otros presupuestos, así que tenemos que hacerlo con polivalencia para permitirnos adaptar sistemas y responder mejor a los distintos contextos que plantee la competición”.
La paciencia, ese valor que en fútbol brilla por su ausencia, será otro elemento imprescindible. El técnico admite que un proyecto con tantos futbolistas nuevos necesita tiempo para adquirir automatismos, aunque tampoco quiere utilizar ese argumento como excusa. Solo quedan 6 del año pasado, de modo que hay 12 caras nuevas (dos de cada tres). «La ilusión supera a la responsabilidad«, señala al referirse a la presión que supone entrenar en casa con un equipo prácticamente nuevo. Conoce el entorno y sabe que las expectativas siempre son elevadas, aunque también confía en que la afición comprenda: “Tenemos una afición fiel, respetuosa y que nunca falla». Solo reclama calma para un proyecto que acaba de echar a andar y que aspira a construir una identidad reconocible.

Dos de cada tres futbolistas son nuevos Foto: GACETA
Esa misma filosofía se traslada a la planificación de la pretemporada. El objetivo no es alcanzar el mejor nivel físico en otoño, sino llegar preparados desde el primer compromiso liguero. «Necesitamos ser competitivos desde el primer día». Por eso, ha diseñado los primeros días con una elevada carga de trabajo antes de comenzar los amistosos, buscando un equilibrio entre exigencia y progresión que permita construir el equipo sin generar dudas prematuras.
Aunque la plantilla está casi cerrada, Peñalver confirma que permanece atento al mercado. La base está definida, pero agosto siempre ofrece oportunidades y el club no descarta incorporar gente que eleve el nivel competitivo. Los jugadores del juvenil tendrán espacio para completar los entrenos y probablemente minutos de fogueo en pretemporada. El debut será el 8 de agosto en Manzanares, le seguirá otro amistoso el 12 en Membrilla y el estreno en el anexo será el sábado 15 con motivo del 55º Trofeo ‘Rosa del Azafrán’, contra el Quintanar del Rey. El sábado 22, otra vez en casa frente al CF Almodóvar y el miércoles 26 partido oficial del Trofeo Diputación ante el ganador del Villarrubia-Manchego. El cierre será el 30 de agosto en Valdepeñas.
La imposibilidad de entrenar y jugar todavía en La Moheda, inmersa en sus obras de remodelación, no altera los planes. El técnico admite prefiere verlo como un aliciente añadido. «La Moheda es La Moheda», resume con una frase que refleja el valor sentimental que tiene el estadio para cualquier solanero. Y también para los de fuera. “Todos esperamos con impaciencia el momento de estrenarlo”.
A veces, el rendimiento de un motor no depende solo de sus caballos de potencia, sino de la pericia de quien está al volante. Con el cuentakilómetros ya en marcha, Juan Carlos Peñalver conduce un bólido a su medida, y si la gasolina se mide en ilusión, lleva el depósito hasta arriba.



