Seguidillas de entrada en el preludio Foto: GACETA
Aurelio Maroto
Antes de que sonara la primera nota, la Plaza Mayor ya parecía otra cosa. Evocaba una inmensa era manchega abierta al cielo, un escenario donde la memoria volvía a imponerse al tiempo. La Asociación Cultural Amigos de la Zarzuela (ACAZ) reunió este sábado a decenas de personas para dar vida a una nueva edición de ‘La rosa del azafrán en la calle’, una iniciativa que se ha consolidado como la gran antesala estival de la Semana Nacional de Zarzuela y como una de las expresiones más genuinas de la identidad solanera.
La noche comenzó con el preludio. Allí estaba, subida sobre la mesa, Catalinilla (María Dolores Camacho) para cantar ‘Aunque soy de La Mancha, no mancho a naide…”. Las seguidillas brotaban frente a la fachada pétrea de Santa Catalina, el gran telón de fondo de la mayor parte de los cuadros, aunque no todos. El segundo cuadro se trasladó al balcón del Ayuntamiento para uno de los momentos más llamativos con La Ronda y Las Escaleras. Allí, el diálogo entre Moniquito (Jose González) y Catalinilla volvió a arrancar sonrisas antes de que el audaz camposantero subiera la escalera en busca del cortejo.

Plática de Catalinilla y Moniquito durante el cuadro de La Escalera Foto: GACETA
El ambiente desprendía esencia manchega. Pañuelos de hierbas, refajos, fajas de gañán, sombreros de paja y el inconfundible color de la mies envolvían una plaza abarrotada. Y así llegó la vistosa Monda de la Rosa, capitaneada por Custodia(Petra Martín-Albo), la casamentera que discute con elloco Don Generoso (Gregorio Uriel) y su “ejército” carlista. De inmediato llegó el Dúo Cómico y La Caza del Viudo, con Moniquito intentando consolar al inconsolable Carracuca (Antonio García-Catalán).

Un momento del cuadro de La Ronda Foto: GACETA
La historia encontró nuevamente su eje emocional en Petri Casado y José Manuel León, convincentes en los roles líricos principales de Sagrario y Juan Pedro. Ambos sostuvieron el peso dramático de una obra que volvió a demostrar por qué sigue siendo el gran símbolo cultural de La Solana.
Uno de los instantes más plásticos llegó cuando Las Espigadoras se adueñaron del empedrado de la Plaza Mayor. Allí, el suelo se transformó en una era imaginaria antes del desenlace final con la Jota Castellana y El Sembrador, broche de una noche donde la zarzuela dejó de pertenecer al teatro para fundirse con las calles. Con la gente.
Próxima estación: presentación del cartel y programa de la 43ª Semana Nacional de Zarzuela. Aún habrá que esperar a finales de agosto, apenas mes y medio antes de la gran cita lírica, que se celebrará del 16 al 25 de octubre.



