La unión del vestuario será clave para reconducir la situación
Aurelio Maroto
¿Un equipo sobrevalorado, con jugadores sobrevalorados? A la vista de los números y la evolución en liga, la respuesta sería simple: sí. Pero más allá de opiniones, hay una realidad palpable: el CF La Solana está tieso. Es incapaz de hacer daño a sus rivales, aunque capaz de dejarse manosear por cualquiera. No hay que irse muy lejos. Este domingo, en Sonseca, salieron a relucir las penurias futbolísticas que asolan en la actualidad a esta plantilla. Con 1-2 en el minuto 90, el colista remontó para llevarse el partido. Y si eso ocurre cuando te estás jugando el pan y la sal, es que algo no funciona. Ahora mismo, el descenso es un riesgo real, sobre todo si miramos al grupo 5º de Segunda RFEF.
La estadística es tozuda. Y sonrojante. La Solana ganó su último partido el 30 de noviembre (1-0 al Manchego). Por entonces, los amarillos eran octavos con 21 puntos, empatados con el Villarrubia, séptimo. Once goles a favor y solo 4 en contra. Viento en popa a toda vela. Pero la semana siguiente ocurrió algo inesperado, casi surrealista: el entrenador dijo que se marchaba, incluso hizo las maletas y se despidió de todos. Pero los jugadores –especialmente algunos- le pidieron que se quedara. Y se quedó. Era viernes por la mañana, en vísperas de la salida a Illescas. Aquel día, algo se rompió. La junta directiva aceptó el esperpento creyendo que así evitaría males mayores. Pero el equipo ya no sería el mismo. El durísimo 2-5 contra el Marchamalo el 14 de febrero, en pleno carnaval, fue la culminación de una mascarada.
La directiva ya sí lo tuvo claro: había que actuar. Y actuó: cesó al técnico canario. El presidente, Julián Martín-Zarco, tomó el mando y comenzó la búsqueda de un sustituto, a ser posible de perfil alto. Mientras, Vicente Martín-Albo se hizo cargo del equipo y finalmente se decidió confiar en él, en parte a instancias de la propia plantilla. Con nivel 3, el joven técnico solanero asumió el desafío, confiado en la lealtad de los jugadores. Lo intentó, trabajó duro, pero en el campo encontró más de lo mismo. La derrota en Cazalegas (2-1) lo dejó muy tocado. Esperaba bastante más. Esa misma tarde, el presidente reactivó las negociaciones para encontrar nuevo entrenador, y esta vez sí lo encontró. Es pronto para valorar el trabajo de ‘María’ Hernández, hombre curtido en mil batallas y en vestuarios maduros. Bastante tendrá con buscar soluciones en un vestuario ahora mismo pálido, descompuesto, demudado…
La Solana es, de largo, el peor equipo desde la jornada 13, porque en los siguientes 14 partidos solo ha sumado 7 puntos de 42 posibles, con 7 goles a favor y 23 en contra. Un desastre sin paliativos. Por cierto, solo 6 goles en casa (13 fuera) a estas alturas de liga. A la hora de buscar explicaciones a tal declive deportivo, la labor es titánica. O quizás no. Por un lado, poco se puede reprochar a la directiva, a la que solo le falta hacer el pino para buscar recursos y hacer la vida lo más cómoda posible a sus ‘empleados’. Por otro, la afición ha demostrado, una vez más, que está muy por encima. ¿El césped de La Moheda? No, por favor. Hay quien se pregunta si con un césped natural en buenas condiciones hubiera sido… todavía peor. Basta con recordar la manita del Marchamalo en la ‘alfombra’ del anexo.
Y a pesar de todo, La Solana sigue dependiendo de sí misma. Quedan siete partidos, que serán siete finales. A estas alturas, solo los futbolistas pueden quitar la razón a lo escrito en esta crónica. Ojalá.

















