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La ciudad

-Juli García con su grupo en la Plaza Mayor

    Juli García con su grupo en la Plaza Mayor de La Solana

         Aurelio Maroto

       Arrancó con una granaína propia, titulada La mirona, junto al cajón de Felipe Vaquerizo. Fue su manera de decir “aquí estoy yo”. Juli García reapareció así junto a su público este jueves, aprovechando la Semana de Exaltación a la Virgen de Peñarroya, a la que también dedicó su particular homenaje con la sevillana La hermosa mañana, que compuso su propia pareja y que interpretó junto a Lydia Moreno al baile.

        El recital del talentoso guitarrista solanero mezcló un poco de todo en ese escenario incomparable que siempre es la Plaza Mayor de La Solana. Acompañado la voz de Miguel Barón y la segunda guitarra de José López, ambos alumnos suyos, Juli García recetó un concierto versátil, ni muy flamenco ni muy rumbero. “Hay que adaptar el repertorio al público que tienes delante”. “A la gente joven le gusta el rollo de rumbas, sevillanas o algún tango, y luego hay aficionados al flamenco para los que llevamos tientos, fandangos, bulerías y demás”, decía al micrófono de Radio Horizonte.

En el momento de la entrevista, la noche barruntaba tormenta en las cercanías. Finalmente, el cielo respetó y el fresco no impidió que acudiera mucha gente a escuchar y vivir su montaje, que llega después de meses frenéticos de actuaciones. “No me puedo quejar, empecé el uno de mayo con un bolo en Membrilla y desde entonces no hemos parado”. Juli soñaba con hacerse un hueco en las tablas y lo está logrando. El teléfono no para de sonar y los recitales se acumulan, tarea nada fácil para alguien que también disfruta enseñando. “Me gusta muchísimo la docencia, pero actuar también porque la gente ve lo que trabajas en casa; es muy bonito exponer todo eso delante de un público”. Y admite que es feliz mirando cara a cara a la gente sobre un escenario. “Me siento bien, cada vez más porque las tablas te dan personalidad y vas de la mano del instrumento”.

-AUn momento del concierto

Un momento de la actuación de Juli García y su cuadro flamenco

Atrás queda el Juli autodidacta, que volvió de Málaga dispuesto a comerse la guitarra. Después aprendió con Ricardo Fernández del Moral en Daimiel y más tarde en el conservatorio, hasta lograr su titulación como maestro de guitarra flamenca. “Se trata de ir avanzando y subir siempre un peldaño más”, nos dice. Ahora, el producto que lleva tiene mucho de él, por no decir todo. “Mi pasión es esto y no sé estar sin música, así que estoy pensando las veinticuatro horas en el montaje, la estructura, los arreglos…”.

Los años han pasado y Juli García ha cambiado como artista. “Ahora el público no te intimida tanto y tocas la guitarra de manera diferente”. “Ese aprendizaje va contigo y lo importante es seguir creciendo en este mundo”. Pero sigue siendo el mismo como persona. Su sonrisa franca lo delata. Y tiene claro que el tiempo irá diciendo. “Lo que venga, vendrá”, concluye.

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