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-Esquina Venezolana                                                                      Solís y Sergio Luis junto al bar que regentan en la Plaza Mayor

Verónica Ruiz-Peinado

     ¿Cómo están mis venezolanos? Es una pregunta que se repite a menudo entre los clientes habituales de la Esquina Venezolana. Un saludo cercano, con el que los clientes se dirigen a Solís Moreno de Carrillo y a su marido, Sergio Luis Carrillo Vargas. Así se refieren cariñosamente a este matrimonio venezolano que, desde hace años, forma parte del día a día del municipio. Detrás de esa pregunta cotidiana, hay una historia de familia, de cambio y de adaptación que une a La Solana con Venezuela y que comenzó casi sin planearlo. De repente, esta familia vive con una mezcla de inquietud y esperanza lo que sucede en su país natal, Venezuela, a cuenta de los últimos acontecimientos. Sienten alivio por la caída de Nicolás Maduro y agradecen la operación norteamericana, y a la vez esperan con ilusión la llegada al Gobierno de María Corina Machado, para ellos la esperanza para un futuro verdaderamente democrático en su país.

     El primero en llegar al municipio fue el hijo del matrimonio, que se incorporó como médico al centro de salud y al geriátrico. Con el tiempo, el resto de la familia fue reuniéndose en España hasta que, en el año 2020, Solís y su marido viajaron a La Solana “prácticamente de vacaciones”, junto a su nieto, para pasar unos meses. La llegada de la pandemia cambió aquellos planes iniciales y acabó marcando un antes y un después. “Ya tenía todo acá, mis hijos, mi nieto y decidimos quedarnos”, afirmaba.

      Con el paso del tiempo, la pareja fue asentándose y encontrando su lugar. Solís reconoce que desde el primer momento se sintió bien acogida. Agradece especialmente el trato recibido por los vecinos y la tranquilidad que ha encontrado en el municipio. Lejos de quedarse en casa, decidió ponerse a trabajar junto a su marido y abrir su pequeño negocio, un espacio que, como cuenta Sergio Luis Carrillo, bautizaron como “nuestra acogedora y pequeña esquinita venezolana” para mantener vivo el recuerdo de su país de origen.

Luz al final del túnel

     Aunque su vida está hoy en La Solana, Venezuela sigue muy presente en su día a día. Solís reconoce que sigue con atención todo lo que ocurre en su país natal. Las noticias recientes las vive con emoción y esperanza, como una posible oportunidad tras años que describe como especialmente difíciles para la población venezolana. Desde la distancia, asegura sentirse ilusionada ante lo que considera una “luz al final del túnel”, aunque subraya que no se trata de celebrar conflictos, sino de confiar en un futuro distinto para su país. Una esperanza que comparte su marido, quien señala que muchos venezolanos, tanto dentro como fuera de Venezuela, desean una etapa marcada por la estabilidad, la convivencia y la normalidad democrática.

     Pese a ello, Solís tiene claro que su proyecto de vida está en España. Aunque no descarta poder regresar algún día a Venezuela, al menos de visita, asegura que no contempla volver a establecerse allí de forma definitiva. “Ya tenemos una vida acá”, afirma, agradecida por la tranquilidad y las oportunidades que ha encontrado. Sergio Luis Carrillo coincide en ese sentimiento y destaca especialmente el valor de la paz incalculable y de los servicios públicos que han encontrado en España. Ambos expresan su agradecimiento por la seguridad y la estabilidad que, aseguran, ahora forman parte de su día a día en La Solana.

     Mientras tanto, continúan trabajando y formando parte activa de la vida del municipio. Para muchos vecinos, ya no son solo los dueños de un bar, sino “los venezolanos” a los que se pregunta cada mañana cómo están. Y la respuesta, casi siempre, llega acompañada de una sonrisa, trabajo diario y la esperanza puesta en el futuro, aquí y allí.

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